Es una práctica cada vez más extendida contratar a un coach, al poseer el proceso de herramientas muy poderosas que facilitan el avance en muchas situaciones de hoy en día. Incluso, una persona puede estar con un coach, un terapeuta y un consultor al mismo tiempo.

La esencia del Coaching.

El coaching es la aplicación como técnica de aprendizaje de “La mayéutica Socrática” que consiste en ayudar a conseguir saber la verdad por uno mismo. Ello implica responsabilidad, reconocerse en las situaciones que uno está planteando y aliarse a situaciones nuevas que necesitan de todo nuestro coraje, recursos, habilidades y valores innatos que poseemos pero aún no hemos “dado a luz”. Un acompañamiento de soporte, no invasivo  en ese viaje  ayuda a la persona a “parirse”. 

La función principal del coaching es facilitar al coachee (cliente y no “paciente”) a tomar su propia dirección “salirse de sí mismo” y permitirle avanzar hacia su propia satisfacción personal; en vez de dar vueltas cómodamente alrededor de un mismo tema, ya sea, personal o profesional…

Un poco de historia… La Mayéutica era el arte donde la partera auxiliaba a la mujer a dar a luz; la madre de Sócrates, Phaenarete, fue partera. El Arte de la Mayéutica ayuda a la persona a dar luz a las ideas que ha concebido y su término viene del griego (maieutike: arte obstétrica). Fué Platón quien lo adoptó para expresar un aspecto particular de la enseñanza Socrática.

Para aterrizar el término “dar a luz” hagamos un análisis de 3 componentes que marcan sutiles diferencias entre un Coach y un Consultor-Entrenador-Mentor:

Cuidado y Acompañamiento PARA PERMITIR SER: 

Si bien, ambas figuras establecen una relación basada en el cuidado proporcionando un entorno seguro que ofrezca apoyo; la diferencia está en que el consultor guía de manera activa, concentrándose en el “hacer, rendir, lograr, conseguir” al conocer mejor el camino (o al menos uno de ellos) para llegar al objetivo deseado.

Un Coach acompaña, “como una partera acompaña el nacimiento de un bebé”  sin forzar su salida, sino sosteniendo con fuerza para que siga, continúe y confiando que la propia sabiduría interna en sí; funcionen como un engranaje que  impulse el nacimiento” , para  que fluyan y se explore posibilidades nuevas, y se elija la que mejor se acomoda al objetivo deseado por el cliente, integrando “el hacer y lograr con el sentir y la satisfacción interior”.

Un coach no tiene porqué ser un “experto” en la materia que trata, mientras que un entrenador, sí lo es.
De hecho, ¿Se imagina cuantas personas han ayudado a dar nacimiento a bebés  sin tener conocimientos médicos?

Relación Igualitaria PARA GANAR CONFIANZA

Esa NO experiencia en la materia (aunque se tenga, en algún campo ya sea deportivo, psicología, finanzas, gestión empresas, marketing, comunicación, arte, etc.) provoca una actitud de respeto y aceptación por las ideas, tiempo, estilo de aprendizaje (Auditivo, Visual, Cinestésico) y forma de ser del cliente o coachee.

El coach establede una relación de igual a igual. El aprendizaje puede alcanzar una mayor profundidad al centrarse más en fluir con el cliente o coachee en la adquisición de sus capacidades, habilidades y valores al ritmo del cliente; que en formas concretas de actuar y/o solucionar situaciones determinadas.

La responsabilidad de un coach está en gestionar el proceso, confiando que su cliente haga aflorar a través de herramientas propias del coaching su propio “maestro interno”.

Responsabilidad PARA ASUMIR SUS DECISIONES:

Paul “Bear” Bryand dijo:” No es la voluntad de ganar lo que cuenta, todo el mundo la tiene. Lo que realmente cuenta es la voluntad de prepararse para ganar”.

¿Qué hace el cliente?  Tomar la responsabilidad de definir y llevar adelante sus metas, objetivos o proyecto. Determinar el tiempo para conseguirlas. Priorizar, añadir o cambiar objetivos, si llega a esa conclusión.  Y realizado a un ritmo cómodo y fluido de aprendizaje que estimule la experimentación activa y el autodescubrimiento; permitiendo aplicar, de inmediato, lo aprendido de sesión en sesión y adaptarlo a las situaciones de la vida del cliente.

El coach gestiona todo el proceso empleando herramientas de coaching propias, realiza el seguimiento a las acciones que el cliente plantea produciendo un efecto de bola de nieve para avanzar conjuntamente con su cliente de manera positiva y transformadora. Contribuye a que su cliente active la autodisciplina, desarrolle el potencial de toma de decisiones y  asuma de forma positiva y responsable el hecho de que no adopte determinadas acciones pactadas.

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